jueves, 20 de octubre de 2011

Silencio

Esta vez, así sea la única, no diré nada. Dejaré que el silencio haga nido en la cueva de mi amargura y tapiaré la entrada, para no permitirle la salida. El veneno de este silencio se diluirá en el tiempo y cuando haya necesidad de palabras, de mi boca no saldrán más que palabras de aliento y mis labios no harán más gestos que sonrisas.

lunes, 10 de octubre de 2011

E

Escribir es mi forma más cobarde de ser valiente

lunes, 18 de julio de 2011

Todos fuimos Juliana alguna vez

Juliana sentada frente a su computadora no hacía más que oprimir con rapidez las teclas como una tormenta de granizo que proyectaba incontables letras sobre aquella superficie blanca y luminosa en la que su mirada parecía perderse.
¿Qué escribía con tanta concentración? Una carta, una carta que venía escribiendo desde hace meses, corrigiéndola, cambiándola, reformándola, una y otra vez, pero jamás esta carta era enviada a su destinatario.
Se sentía cobarde por no ser capaz de decir frente a frente lo que escribía en esa interminable carta y peor aún, cobarde por ni siquiera ser capaz de enviarla.
¿Tan peligroso era el contenido de aquellas palabras? Para ella si lo eran, porque su verdad la atormentaba, y el motivo que más cerca la hacía sentir del destinatario de la carta, era a la vez lo que más la alejaba y eso le dolía y la confundía enormemente.
Tuvo que pasar mucho tiempo para juntar el valor de terminar de enlazar todos sus pensamientos y plasmarlos finalmente en unos párrafos cargados de verdad que sabía serían el detonante de un evidente adiós.
No se la envió, juntó las agallas para leérsela ella misma y no le permitió decir una sola palabra y es que este no era un intento desesperado de retenerlo, era un intento desesperado de ser sincera, no sincera con él, sincera con ella misma y enfrentarse con una realidad que había venido disfrazando.
Atónito él había escuchado con atención cada palabra y su respuesta fue un profundo silencio y una mirada desconcertada que ni siquiera pudo sostener.
Él no la quería, o al menos no la quería de la misma manera que ella a él, pero de alguna manera sintió tristeza.
La abrazó con fuerza y le dio un beso en la frente. Se fue sin pronunciar palabra, no quería herirla, esa nunca fue su intención.
Aliviada ella se sintió orgullosa de si misma, aunque el motivo de ese orgullo fuera abrir una herida. La herida sanaría tarde o temprano y su alma estaba en paz.

lunes, 23 de mayo de 2011

...... :S

Olvidarlos va a ser siempre una difícil tarea...amarlos está lejos de ser siquiera una tarea

jueves, 19 de mayo de 2011

D

Dando dando, pajarito volando

....

Lo difícil del silencio no es apretar los labios para evitar que de tu boca emanen palabras, lo verdaderamente difícil es apagar los gritos internos que dentro de tu ser estallan