martes, 24 de abril de 2012

No tenemos mucho en común más que un amor, un dolor y el ser mujer, mujer que acaricia la ilusión y va hundiendo en ella sus manos y cuando quiere tomar un puñado se le escurre como granos de arena entre los dedos.

martes, 13 de marzo de 2012

Historias de amores sin amor

Hoy desperté y seguía soñando,
soñando con aquellas mañanas
en las que acurrucada
despertaba a tu lado.

Tu abrazo cálido
le daba sostén a mi alma
y tus suaves caricias
casi me hacían sentir amada.

Mis labios sellados
no emitían palabra,
mas mis ojos a gritos
te decían que te amaba.

Presa de mi silencio,
ciega en mi mentira,
construí mi propia jaula
y tú, gorrión que no tolera jaula
volaste hacia tierras lejanas.

lunes, 27 de febrero de 2012

F

Fuimos todos una tarde a recorrer a recorrer el campo de la Familia. Hace mucho que no lo hacíamos y eso se notaba con solo mirarlo. Los pastos estaban crecidos desmesuradamente, el cañaveral había invadido una buena parte del huerto del Fondo de la casa y ya casi ni se podía ver el riachuelo en el que tantas veces jugué.
De repente vi a lo lejos asomarse una sombra negra que se iba acercando a nosotros. Era Manuelito, el perro de la casa, que aunque viejo, cojo y medio ciego, había sobrevivido en medio de toda esa miseria.
Se acercó a nosotros ladrando como loco, pero ya estando a unos metros su olfato, Fiel como ningún otros de sus sentidos, le hizo reconocernos y meneando la cola, entre su cojera y su cansancio, se acercó a nosotros con notoria alegría.
Con los roncos ladridos de Manuelito, Benita y Vicente, los cuidadores de la hacienda, se anoticiaron de nuestra llegada y salieron también a saludarnos.
Ellos estaban muy lejos de parecerse a las personas que yo recordaba. Sus incontables arrugas dibujaban en su rostro el inevitable paso de los años. Se los veía cansado y viejos, pero amables como siempre.

jueves, 20 de octubre de 2011

Silencio

Esta vez, así sea la única, no diré nada. Dejaré que el silencio haga nido en la cueva de mi amargura y tapiaré la entrada, para no permitirle la salida. El veneno de este silencio se diluirá en el tiempo y cuando haya necesidad de palabras, de mi boca no saldrán más que palabras de aliento y mis labios no harán más gestos que sonrisas.

lunes, 10 de octubre de 2011

E

Escribir es mi forma más cobarde de ser valiente

lunes, 18 de julio de 2011

Todos fuimos Juliana alguna vez

Juliana sentada frente a su computadora no hacía más que oprimir con rapidez las teclas como una tormenta de granizo que proyectaba incontables letras sobre aquella superficie blanca y luminosa en la que su mirada parecía perderse.
¿Qué escribía con tanta concentración? Una carta, una carta que venía escribiendo desde hace meses, corrigiéndola, cambiándola, reformándola, una y otra vez, pero jamás esta carta era enviada a su destinatario.
Se sentía cobarde por no ser capaz de decir frente a frente lo que escribía en esa interminable carta y peor aún, cobarde por ni siquiera ser capaz de enviarla.
¿Tan peligroso era el contenido de aquellas palabras? Para ella si lo eran, porque su verdad la atormentaba, y el motivo que más cerca la hacía sentir del destinatario de la carta, era a la vez lo que más la alejaba y eso le dolía y la confundía enormemente.
Tuvo que pasar mucho tiempo para juntar el valor de terminar de enlazar todos sus pensamientos y plasmarlos finalmente en unos párrafos cargados de verdad que sabía serían el detonante de un evidente adiós.
No se la envió, juntó las agallas para leérsela ella misma y no le permitió decir una sola palabra y es que este no era un intento desesperado de retenerlo, era un intento desesperado de ser sincera, no sincera con él, sincera con ella misma y enfrentarse con una realidad que había venido disfrazando.
Atónito él había escuchado con atención cada palabra y su respuesta fue un profundo silencio y una mirada desconcertada que ni siquiera pudo sostener.
Él no la quería, o al menos no la quería de la misma manera que ella a él, pero de alguna manera sintió tristeza.
La abrazó con fuerza y le dio un beso en la frente. Se fue sin pronunciar palabra, no quería herirla, esa nunca fue su intención.
Aliviada ella se sintió orgullosa de si misma, aunque el motivo de ese orgullo fuera abrir una herida. La herida sanaría tarde o temprano y su alma estaba en paz.

lunes, 23 de mayo de 2011

...... :S

Olvidarlos va a ser siempre una difícil tarea...amarlos está lejos de ser siquiera una tarea